DE SARDINAS Y YOGUIS

DEL BLOG “EL ARTE DE LA CALMA” DE ROBERTO RODRÍGUEZ ( tomaos un momento para leerlo, muy recomendable )
Namaste

¡Relájate Sardina!         

Relájate. Lo necesitas.
¿Tienes motivos para no vivir desde la calma?
No.
Ningún motivo es tan bueno -cruel- como para eso.
La tensión sostenida mata, pero eso no es lo peor (todo mata si lo haces el tiempo suficiente).
Lo peor es que la tensión sostenida es la forma en la que congelamos el miedo en nuestro interior. Lo peor es que el miedo no te deja ser tú mientras vives. Te hace vivir como una sardina.
Todo el mundo está tenso. Esa parece una buena justificación para que tú también lo estés. Ser una sardina del banco de sardinas parece una buena forma de sobrevivir, de ser aceptado y de confundir a los voraces predadores.
Las sardinas más jóvenes del banco escapan hacia un futuro mejor, o no peor, dejando atrás la muerte en las fauces del miedo. Las más viejas añoran un pasado imaginario temiendo el futuro donde saben que la muerte espera.
Todas son sardinas con causa.
Como sardinas escapamos entre el pasado y el futuro. El presente es la cara norte del tiempo, su peor parte.
Si has leído hasta aquí es porque esperas oírme decir que esto, el yoga, lo arregla en un pispás. Ahora yo, el experto, te revelo técnicas y filosofías con el poder sobrado y demostrado para transformar tu sardina interior en yogui.
Lo siento, pero… No es el yoga.
Eres tú, cariño. Siempre lo has sido.
AHORA MISMO ERES TÚ.
Si eliges ser sardina más te vale ser la mejor sardina. Y la mejor sardina es la mejor adaptada al banco, la que menos se nota, la que menos destaca, la que espera aterrada que se coman a a la vecina y no a ella. La mejor sardina siempre está tensa, tal y como el banco la necesita para sobrevivir como banco.
Reconoce que eres una sardina fracasada.
Un yogui es precisamente eso, una sardina fracasada que un día, harta de tensión, decide responderse a la pregunta:
“¿Qué es lo peor que puede pasar si lo dejo?”
Y encuentra el valor y lo deja.
Y se abandona.
Se abandona a su miedo y se deja atrapar por él. Deja de huir de lo que le viene detrás. Deja de luchar para no estar muerta mañana. Deja de apretar su tensión contra el tiempo. Entonces descubre dos cosas.
Primera cosa que descubre la sardina fracasada:
No pasa nada.
Los depredadores, tensos como las sardinas que persiguen, corren tras lo que huye, tras lo que escapa a toda velocidad. Ni siquiera ven a la sardina quieta.
-Si no escapa no se come- Es la fe del tiburón, el mantra del atún, el objetivo del miedo.
Segunda cosa, que la hace yogui:
Pasa algo.
Algo raro. Muy raro.
Se encuentra… bien.
Analicemos la frase:
Se encuentra: Cierto. Nunca antes lo había hecho. Antes era sardina, tensión necesaria, músculo de una máquina del tiempo que escapaba del pasado hacia el futuro a toda velocidad. Ahora ella ya no es eso, ahora siente un espacio en el que “yo” le calza como un guante. “Yo me encuentro”, “Yo soy”.
… Y se encuentra Bien ¡Hay sitio entre el pasado y el futuro! No hay tan sólo espacio para correr o morir.
Y eso que no es correr ni morir, mola.
¡MOLA UN MONTÓN!
“¡Era tan fácil! ¿Por qué no lo habré hecho antes?”
Te lo dije. No es el yoga. Eres tú.
El yoga no va a dejar de correr por ti. No va a detener a los tiburones por ti. No te va a descubrir quién eres por ti.
¡El yoga no es tan divertido ni tan interesante como lo somos tú y yo dejando de ser sardinas!
Esa sí que es una buena historia. Merece que tú y yo la contemos.
Lo que sí es el yoga es una puesta en escena. Contar, vivir, una historia mucho mejor.
Una representación que  interpretas. Igual que desde la tensión interpretas el papel de sardina con todas sus consecuencias, al hacer yoga te identificas con tu mejor YO.
Hacer yoga no es practicar técnicas, es interpretar un papel mejor que el de sardina asustada.
Repito. No es la técnica. Eres tú.
En cada sugerencia del yoga traes a escena la mayor calma de la que eres capaz, y la testas frente al juego de tensiones que te provoca. Aprendes a calmar la tensión aquí y ahora, que es cuando lo necesitas, no mañana.
Permíteme un ejemplo para una puesta en escena. Un gag yóguico ¡Arriba el telón!:

La Meditación del minuto

Voy a pasarte un ejercicio excelente y clásico de representación yóguica. Para que interpretes ahora mismo, sin levantarte del asiento, tu yo más calmado y responsable.
Es realmente simple y eficaz, y te cambiará la vida cada vez que  lo practiques hasta que lo cambies por otro. Y puedes hacerlo casi en cualquier momento y lugar. Conviene que lo hagas más de 10 veces al día.
Si eres una sardina tan fracasada como sospecho, te será muy sencillo 😉
Ahí vamos:
Durante un minuto, con los ojos cerrados, céntrate en cómo el aire roza tus fosas nasales al entrar y al salir. Empieza tomando tres respiraciones profundas y termina igual. El resto del minuto respira normalmente. Sólo un minuto.
Cuando te descubras pensando en otra cosa, simplemente regresa a la observación de la sensación. Éste es el verdadero objetivo del ejercicio, dejarle claro a tu mente que tú eliges lo que ella debe hacer, que tú estás al mando y ella puede descansar. Así pues, descubrirte pensando y regresar a la observación de la sensación es un objetivo, no un error.
Con respecto a la técnica respiratoria no te líes que eso aquí no es importante. Para el ejercicio la mejor es la más natural de inhalar y exhalar por la nariz o inhalar por la nariz y exhalar por la boca. La que te resulte más cómoda… Y si no puedes hacerlo por algún problema, respira por la boca si no queda más remedio.
Te lo repito, el objetivo no es la técnica sino el estado: calzar tu presente con tu mejor yo.
“¿Respiración abdominal? ¿Torácica?”… ¡¡¡Que no te líes!!! Eso aquí no importa. La que te salga más fácilmente.
Lee otra vez para dejarlo claro y practica. Luego vuelves por aquí. ¡Feliz minuto! (no pasa nada por cinco segundos arriba o abajo. No necesitas reloj para hacerlo)
Un solo minuto tiene un enorme poder. En el trascurso de uno naciste. Las jornadas a destajo esquivando tiburones tras el mañana nos han ocultado su importancia.
¡Regálate minutos de vida!
¡Relaja tu sardina!
Ya ves que la técnica es muy simple. El yoga tiene todo tipo de técnicas, pero no son tan importantes.
Lo importante eres tú. Tu tienes el poder de elegir. Ahora mismo lo tienes.
¿Dejarás así de ser una sardina para siempre? No.
A veces tendrás miedo. El miedo no es malo. Lo malo es no saber usarlo para lo que está: aprender a relajarse para dar la mejor respuesta posible, la respuesta humana que va más allá de huye, ataca o congélate.
Además debes volver al banco porque somos seres sociales. Lo que no somos es sardinas. Si no lo haces, si no vuelves, no es que seas un yogui, eres un esnob. Peor que ser sardina con causa. Y con peor cura.
Cada vez que regresas relajada, eres una bendición para la sociedad. Cada vez que regresas relajada, descubres que no estás sola. Hay más como tú. Sardinas cuya causa no es el miedo, aunque lo tengan. Ahora puedes reconocerlas. Cuantas más seamos, más contagiosas nos volveremos. Acabaremos por volver a hacer del banco de sardinas, tribu de personas.
¡Venga! ¡Cambiemos el mundo minuto minuto!