EL INFIERNO Y EL CIELO


Un guerrero samurai fue a ver a un reputado maestro zen y de una manera muy altiva desafió al anciano: 
– Explícame lo que es el infierno, viejo monje.

El monje tras una breve y silenciosa pausa, respondió:
– No eres más que un patán y no voy a malgastar mi tiempo contigo, vete.

Al escuchar estas palabras, el samurai que no daba crédito ante la falta de respeto mostrada por el monje y herido en su honor, montó en cólera, desencajado y con el rostro enrojecido por la ira desenvainó su espada mientras gritaba al anciano:
– tu impertinencia te costará la vida, ¡yo soy un samurai!
– eso, eso mismo es el infierno, contestó el maestro entonces.

El guerrero se quedó paralizado ante la respuesta y al notar en él su rabia y el cuerpo turbado por la furia y el enojo, conmovido por la exactitud de las palabras del monje se postró ante él agradecido pues le había hecho ver cómo era el infierno.
– eso, eso mismo es el cielo, concluyó el sabio anciano.

Hay distintas versiones y adaptaciones de esta historia que relata el encuentro entre un maestro zen y un guerrero. En algunas los personajes tienen nombre propio y en otras podemos verla adornada o también planteada a modo de koan. De cualquier manera, en estos cuentos, por encima de la belleza literaria está el significado, la enseñanza que invita a reflexionar, la esencia o la sabiduría que es la misma y lo más importante.
“Que tengáis un buen día”.
Namasté.